miércoles, 23 de noviembre de 2022

CONTRACULTURA

En el terreno cultural hubo épocas de alegría, vitalidad e independencia hoy en retroceso. Falta atrevimiento, base de los avances, que necesita medios, concentración, estudio, tiempo de maduración. Lo contrario  de lo que hoy ofrece el mercado.

Pepe Rivas.


      Con frecuencia vemos aparecer la palabra “contracultura” en los medios y en las conversaciones impregnada de cierto halo nostálgico, como algo que fue pero ya no es. Parecido a la juventud que cuando quieres darte cuenta ya no está, algo que ocurrió en los años sesenta y setenta del siglo pasado. Tras dejar clara esa añoranza, como si fuera una señal de identidad, suelen elaborarse más o menos sesudos análisis de las razones que la hicieron desaparecer.

Si existe algo a lo que llamamos “contracultura”, es imprescindible que exista algo a lo que llamemos “cultura”. Es decir, todo parece indicar que la contracultura sería un reverso o cara B. En cualquier caso, una rama o parte de la cultura. Profundizando en esta idea, cabría suponer que no hay cultura sin contracultura y viceversa.

Desde siempre, cuando los recursos producidos no son suficientes, y a pesar de los conflictos que esa situación plantea, en un plazo no muy largo resulta un motor de progreso, ya sea colonizando nuevos territorios o mejorando esos métodos de obtener recursos. De la misma manera en el campo cultural, cuando las ideas convertidas en intereses de mercado con forma de libros, películas, prendas de vestir, dispositivos electrónicos y hasta tipos de maquillaje saturan su “mercado”, y los beneficios obtenidos son insuficientes, el mercado cultural se ve obligado a buscar nuevos territorios, es decir, a poner cosas nuevas en el bazar para que el nivel de beneficios se sostenga.

Ese poner “cosas nuevas” no es tan fácil como pudiera parecer, y puede conllevar duros conflictos con la cultura oficial, que es la permitida y costeada por la clase dominante. Si esa clase, en defensa de sus intereses ideológicos, consigue esconder o bloquear la aparición de nuevas formas que socaven su dominio en el mundo de las ideas, lo que conseguirá es el estancamiento del negocio cultural y dejar sin el único método, el de las “modas”, del que hace uso la mayor parte de la clase trabajadora para sentirse integrada. Si, por el contrario, es la clase trabajadora la que consigue imponer su criterio, siempre en paralelo con alguna algarada social, el bazar se llenará de “cosas nuevas” que sostengan e incrementen sus beneficios y, a la vez, las clases trabajadoras podrán seguir adormecidas en ese espejismo de integración que proporciona el “estar a la moda”.

De hecho, no ha desaparecido nada, salvo la juventud de los que en aquellos momentos solo podían hacer “contracultura”, pero que en la actualidad, no es que hayan sido absorbidos por el mercado de la cultura, simplemente los han sacado del trastero y los han puesto en el escaparate, ocupando el hueco dejado por las ideas que ya no venden. Esa es la razón por la que, hoy en día, la “cultura oficial” no envía directamente a la hoguera a todos esos vanguardismos confeccionados por cuatro genios incomprendidos y sin un céntimo en el bolsillo. Los necesita para disponer de “cosas nuevas”.

Así pues, “contracultura” ha existido siempre, no hay más que pensar en el romanticismo, en los impresionistas, en el surrealismo, en la generación beat, en el movimiento hippie, en el “Mayo del 68”, en la ola del heavy o del punk… cuyos productos, tan vilipendiados en su momento, lucen ahora junto a las obras clásicas, en el “merchandising” de todos los museos. Se trata de un mecanismo con dos objetivos, por un lado mantener el beneficio y por otro, garantizar modas que adormezcan el carácter rebelde que la injusticia económica incrusta en la clase trabajadora.

Esas añoranzas de las que hablábamos, resultan añoranzas, no de la contracultura sino de la porción de esta en que esos nostálgicos fueron protagonistas. Lo que de verdad añoran es su protagonismo. La contracultura sigue ahí y seguirá estando porque es una parte integral de la cultura. Otra cosa es que a los dueños de la cultura, les interese verla y presentarla como la alternativa y vanguardia de sí mismos.

Sin embargo, estos no son buenos tiempos para la lírica. La clase dominante anda metida en uno de sus típicos y criminales atolladeros, de los que siempre sale matando gente en alguna de las guerras que, como la contracultura, nunca le faltan. No, no están los tiempos para alternativas, todo lo contrario, presas del pánico que les produce la incertidumbre, se refugian en sus más reaccionarias ideas y si consienten y hasta subvencionan alguna alternativa, es de tintes fascistas. A los que, en estos momentos, sí plantean alternativas, como los “raperos” de todos conocidos, los meten en la cárcel o se ven obligados a exiliarse.

No se trata de un mecanismo que los mercachifles hayan inventado, es algo que han encontrado ahí, como la corriente de agua que aprovechan para producir energía, la contracultura es un daño colateral que no pueden evitar, de la misma manera que no pueden prescindir de los trabajadores. Son estos, precisamente, los que buscando sus propias formas de expresión, en ratos que les roban a otras necesidades y sin que les paguen un duro, los que producen la contracultura. Y es ahí donde la cultura “oficial” busca sus “vanguardias alternativas” cuando los beneficios se estancan.

De la misma manera que los mecanismos reguladores controlan el caudal de agua sobre la turbina, la cultura de la clase dominante controla los beneficios en el mercado cultural, publicitando más o menos productos contraculturales en función de sus intereses. Sobre todo a partir del “Mayo del 68”, esta es la forma como la burguesía aprovecha la inevitable producción contracultural, para mantener una oferta atractiva y puesta al día permanentemente.

Donde en el diccionario de la la RAE, definiendo la contracultura dice: “1. f. Movimiento social que rechaza los valores, modos de vida y cultura dominantes.”, debiera decir “Tendencia cultural que complementa los valores, modos de vida y cultura dominantes.”



jueves, 13 de enero de 2022

PARANOIAS EN LA RED

 

Una amiga me envía uno de esos videos o reportajes que suelen aparecer en las redes sociales, profusamente ilustrados con imágenes exaltando a la rebeldía y a la movilización, tengan o no, esas imágenes, algo que ver con el tema del que se trata. Son llamadas de pretendidos movimientos sociales que se oponen a cualquiera de las insuficientes medidas con que los gobiernos aspiran a controlar la epidemia de COVID. Pretendidos movimientos sociales en cuyas primeras filas vemos a todas las organizaciones de extrema derecha.

El reportaje del que hablo, como la mayoría de los otros sobre este tema, clama por una libertad abstracta, sin objetivo concreto y, en consecuencia, fácilmente manipulable. Parece que no entienden los límites que una situación de alarma social plantea a las libertades individuales. No comprenden que saltarse las mínimas y timoratas medidas antiCOVID que dictan los gobiernos, no es un acto de libertad sino una agresión al cuerpo social, un acto digno de sociópatas. Si, por poner un ejemplo, me niego a vacunarme estoy dificultando el camino para alcanzar cierta inmunidad general a las consecuencias más graves de la pandemia. Será por esa razón que no concretan los objetivos de esa libertad que reclaman, concretarlos significaría evidenciar los réditos políticos que pretenden obtener de la desgracia.

Por otro lado, no les importa insultar a nuestros padres presentando sus falacias, las de esos pretendidos movimientos, como herederas de aquellas luchas, las de nuestros padres, por la mas que razonable y nada abstracta libertad política. Llegan a utilizar imágenes del desembarco en Normandía, de Gandhi, de Martin Luther King, del derribo del muro de Berlín… Iconos todos ellos de luchas con objetivos bien definidos, que nada tienen que ver con las folclóricas algaradas de esos pretendidos movimientos sociales. Cuando se reivindica la libertad como un objetivo, sin señalar para qué es necesaria, se está ocultado el uso que se piensa hacer con esa libertad. Es como hablar de los encantos del viaje para ocultar su destino. Ese tipo de artículos o reportajes nunca aportan alternativas que den solidez a la protesta y dejen entrever qué uso se dará a esa libertad. Alternativas que señalen alguna vía para superar la tremenda realidad de cientos de miles de personas muriendo a causa del COVID.

Semejantes proclamas son una invitación a confundir el tocino con la velocidad y, evidentemente, encaminadas a fomentar desinformación, malestar, incertidumbre y miedo, un caldo de cultivo ideal para el fanatismo irreflexivo que permite manejar a la gente como si de un rebaño se tratara. La historia nos da ejemplos de las terroríficas consecuencias de inyectar socialmente miedo sin señalar y combatir las verdaderas causas. El factor común a todos esos episodios es que han sido difundidas por las clases dominantes y que, una vez han conseguido que el pueblo los secunde, han utilizado ese estado de malestar, provocado por ellos mismos, para emprender tremendas guerras sacrificando sin ningún reparo, las vidas del pueblo que les creyó.

Apoyándose en las distópias descritas en el cine, los cómics, los juegos informatizados y la literatura, tan machaconamente divulgadas por nuestros medios de difusión, el artículo nos amenaza, si no le hacemos caso, con un mundo de miserias, individualismo y violencia. Como si esa no fuera la exacta descripción de la actual sociedad capitalista, como si los contenidos de la novela de Orwell “1984” no estuvieran implementados desde hace ya mucho tiempo. Pero, sin empacho ninguno, en ese mismo artículo nos invitan encarecidamente a conservar lo que denominan “nuestras libertades”. Al igual que anteriormente hicieran con el uso de las mascarillas, los confinamientos, las limitaciones al contacto social, las vacunas o cualquier otra disposición para contrarrestar el avance de la epidemia, en la actualidad el punto de mira se centra en un documento conocido como “pasaporte COVID”. Se trata de una medida burocrática que, en teoría, permite establecer, también teóricamente, el nivel de inmunidad del portador del pasaporte, dato fácilmente extraible a partir de los historiales que nos proporcionan en “catsalut.gencat.cat”. Sin embargo, estos pretendidos rebeldes, nos lo presentan como el paso definitivo e irrevocable hacia una realidad social que hace ya tiempo padecemos: el exhaustivo y agobiante control del estado sobre los ciudadanos. ¿Qué información puede aportar el pasaporte COVID que no pueda extraerse de la declaración de hacienda, del expediente médico, de nuestra cuenta corriente o el historial de nuestro móvil?

Nos advierten, estos agoreros del mal fario, que una vez implantado ese totalitarismo tendremos que pedir permiso para todo, pero, ¿no es eso lo que hacemos para atender cualquier necesidad o deseo en todos los momentos de nuestra actualidad? Efectivamente, a nadie se le ocurre emprender cualquier acción sin consultar previamente si el nivel de su cuenta corriente le autoriza. La discriminación en el acceso a locales, servicios, etc, se establece por los precios. El verdadero control, como siempre, es y seguirá siendo el económico. Si pretendemos esquivarlo caerán sobre nosotros toda clase de castigos. Nuestro actual sistema económico, del que derivan el cultural y el judicial, perdona antes a un asesino en serie que al desgraciado ladrón de una gallina.

¿Qué clase de gente está interesada en esos mensajes tan falaces? Es evidente que para contestar esta pregunta es necesario buscar a quien saca beneficio de la situación. A poco que indaguemos y por humildes que sean nuestras herramientas, aparecerán las grandes empresas farmacéuticas que son una de los principales fuentes del poder económico de la burguesía. Sin embargo, estas poderosas industrias, en vez de aunar esfuerzos para erradicar semejante maldición, se enredan en una encarnizada pelea por sacar el mayor beneficio de la desgracia ajena.

Cabría suponer que las necias movilizaciones de las que hablamos están pensadas para que la gente se pierda en paranoias futuristas, en vez de atacar a las verdaderas causas de lo que está ocurriendo. Efectivamente urge la movilización y la rebeldía contra las injusticias, pero contra las actuales y reales. Injusticia es que millones de personas no tengan acceso a vacunas y tratamientos adecuados. Injusticia es que la administración no aumente las dotaciones humanas y técnicas, sobrecargando de trabajo al personal sanitario y estirando hasta lo imprudente las listas de espera…

El video de marras puede visualizarse en https://www.youtube.com/watch?v=A7CMWjexJow

Fuente: Google


lunes, 6 de diciembre de 2021

¿CHURCHILL contra STALIN?

 Churchill fue un imperialista. Era producto del Imperio Británico, pertenecía a su clase dominante y dedicó su vida a defenderlo contra cualquier amenaza. Un imperialista es quien otorga a una nación el derecho a dominar bajo sus intereses al resto de naciones.

Una nación es una porción de territorio controlado por una o un limitado número de familias que son los dueños de los medios de producción y, en consecuencia, de toda la riqueza que se produzca en esa porción de territorio.

Las naciones están organizadas de forma piramidal, en la cumbre están esas familias o clase dominante, y en la base la mayoría de la población que vende su fuerza de trabajo a cambio de un ínfimo bienestar. Los escalones intermedios están ocupados por capas de la población cuyo bienestar depende de la más o menos utilidad que sus servicios tienen para sostener los privilegios de la cúpula.

Hoy en día, un imperio consiste en que la clase dominante de la nación dominada, o colonia, se ve obligada a organizar la producción de su riqueza según los intereses de la metrópoli, o nación dominante.

En última instancia, tanto la estructura imperial como la pirámide social se cimientan en la superioridad de los medios violentos en manos de las élites de la nación dominante.

A la hora de repartir la riqueza el esquema utilizado es el propio eje del capitalismo y que se conoce como propiedad privada, es decir, tanto posees, tanto te llevas. Esa posesión es cedida o vendida por las élites a las familias que le son fieles, para su libre y exclusivo disfrute, siempre que no se utilice contra la propia élite, o bien esta los necesite para la defensa de su dominio.

El imperialismo viene a ser una manera de capitalismo global, cuyo eje básico sigue siendo la propiedad privada. Se entiende así que la amenaza fundamental para el imperio británico fuera la abolición de la propiedad privada como postula el comunismo, y no la existencia de otros imperios como el alemán que en lo esencial, eran idénticos: ambos reclamaban su derecho a someter a otras naciones en base a una supuesta superioridad racial. Igualmente se entiende así que Churchill fuera un furibundo anticomunista.

Planteadas las cosas de esta manera, la alianza lógica en la IIGM, tal como los nazis postulaban, era una alianza entre el occidente capitalista contra los salvajes eslavos que se atrevían a poner en duda la sacrosanta propiedad privada. Sí esta alianza hubiera existido, aunque solo fuera secretamente, tendría su antecedente en la intervención de catorce países en apoyo del ejercito blanco o antibolchevique, y explicaría el extraordinario aporte de capital al partido de Hitler por parte de grandes corporaciones capitalistas, la ceguera de occidente frente a las repetidas violaciones del Tratado de Versalles por parte de Alemania. Así como la tecnología norteamericana en armas nazis, el entreguismo del ejercito francés o, en general, la facilidad del avance alemán.

Es decir, el verdadero enemigo de Churchill no sería Hitler, sino Stalin. Hitler y toda su cohorte de psicópatas serían el siniestro y atroz artefacto ideado por el “bulldog británico” y financiado por las elites capitalistas para desmontar la URSS.

Semejante argumento dejaría claro que a las distintas elites, asociadas en esa hipotética alianza, no les tembló el pulso al poner en marcha un mecanismo que le costaría la vida a más de sesenta millones de personas. No les importó sumir a varias generaciones en el mayor horror que ha sufrido la humanidad intentando, a la desesperada, mantener los privilegios de una clase sobre las otras, de unas naciones sobre otras, de unas etnias sobre otras.

Semejante argumento mostraría que la batalla de Stalingrado no sólo fue el punto de inflexión en la guerra, además, evidenció que no es lo mismo enfrentarse, en su permanente guerra imperialista, a pueblos mal armados y sin una estructura estatal sólida, que enfrentarse a un estado avanzado cuya población, sólidamente estructurada en soviets, se siente dueña y protagonista de su destino. También supuso una inflexión en la forma de tratar al socialismo por parte de los capitalistas, ya no se trataba de un experimento utópico, sino de un sistema capaz de responder a la más terrorífica herramienta de matar ideada por el capitalismo: el III Reich. Ya no se oirían más bravatas anticomunistas del ”Carnicero de Galípoli” quien se declaró admirador de Mussolini por haber eliminado a los comunistas de Italia.

La reunión de Yalta ya no sería una conferencia de paz, sino la capitulación del capitalismo al verse obligado a pactar el reparto de Europa con quien, siempre según este argumento, habría sido su verdadero enemigo

Semejante argumento daría lugar a una película de lo ocurrido en la IIGM con muchas menos incógnitas que los retorcidos relatos que Hollywood acaba imponiendo y que nos presentan, durante esa guerra, al ejercito USA como el gran liberador del fascismo en el mundo. Afirmación que puede ser cierta en el Pacífico pero que resulta más que dudosa en Europa, y sin que ello suponga la mas mínima dejación del sincero homenaje a los compañeros norteamericanos sacrificados en los campos europeos. Dejación que sí cometen los relatos hollywoodenses con respecto a los heroicos compañeros del Ejercito Rojo, verdaderos liberadores del nazismo en Europa.



 

lunes, 23 de agosto de 2021

LA DICTADURA DEL PROLETARIADO

Si hay algo que invariablemente les pone los pelos como escarpias a los burgueses es que les menciones la dictadura del proletariado. Como si la dictadura burguesa, la del dinero, la de los bancos, la del FMI, la de las grandes empresas, fuera moco de pavo. Ponen cara de horror porque el solo termino dictadura implica violencia, como si uno de los pilares básicos del estado burgués no fuera la represión organizada en ejércitos y policías de todo tipo. Con el agravante de que si bien la dictadura del proletariado se anuncia como una etapa transitoria, la dictadura burguesa es definitiva si se quiere sostener un sistema basado en la plusvalía.

Olvidando el cómo llegaron ellos al poder, los burgueses siempre están cantando las excelencias de la no violencia y las luchas pacíficas, sin embargo, cuando perciben una amenaza seria a su dictadura, recurren sin problema ninguno al fascismo, que consiste en seguir explotando a los trabajadores, pero con pistolas en la mano.

La verdadera amenaza para la sociedad burguesa es la perdida de beneficio o plusvalía que fue la razón de su nacimiento, ha sido el camino hacia el poder, y es la garantía de su permanencia. No es de extrañar que, cuando se trata de superar la sociedad burguesa, el primer objetivo sea eliminar la plusvalía. Punto en que los burgueses recurren a la violencia más extrema y el proletariado, en defensa del poder recién conseguido, impone su propia dictadura.

Parece ser que si repasamos la historia, los cambios del paradigma social siempre han sido violentos, tiene lógica, primero, porque los beneficiarios del sistema social que se pretende superar intentarán por todos los medios impedir un cambio que signifique la perdida de sus privilegios, y segundo, porque la población en general, alienada entorno a las doctrinas del régimen anterior, presentará resistencia a cambiar los hábitos y costumbres incompatibles con el nuevo paradigma. Por señalar ejemplos podríamos mencionar el uso irresponsable de los recursos naturales que nos impone “el mercado”, o el exacerbado individualismo que el viejo sistema cultural nos ha impuesto como el único natural y humanamente viable.

Cuando los burgueses sienten amenazados sus intereses, son capaces de recurrir a las violencias más brutales como provocar la II Guerra Mundial, financiando el partido nazi para evitar la revolución en Alemania, y permitiendo la reconstrucción y rearme del ejercito alemán para acabar con la URSS. Todo ello sin que les importara lo más mínimo los millones de muertos y los demenciales sufrimientos que infligieron a las poblaciones civiles y a los que ellos llamaban etnias inferiores, hasta que en Stalingrado comprendieron que les estaba saliendo el tiro por la culata.

Es esa crueldad implícita en el propio concepto de beneficio la que hace inevitable la lógica de la violencia cuando nos enfrentamos a la burguesía. Sin embargo, esa misma lógica ya no es tan evidente cuando se trata de corregir la cultura, sobre todo si nos desembarazamos de la máxima burguesa, pedagógicamente nociva, respecto a que “la letra con sangre entra”. Para conseguir verdaderos cambios culturales se necesita pedagogía y paciencia. Pedagogía que nos permita encontrar el método o trayecto de aprendizaje más adecuado y paciencia para incorporar las reacciones al método que se aplica.

En el caso de la religión, de la identidad sexual o de la responsabilidad social, por poner ejemplos, servirá de poco establecer nuevos códigos y asociarles un sistema de sanciones para garantizar su cumplimiento que, en definitiva, es una manera de implementar la máxima de la letra y la sangre. Sin la correspondiente acción pedagógica los nuevos códigos se acatarán por miedo al castigo, pero no porque se comprenda su necesidad. Esta situación generará una deriva autoritaria en las relaciones del ciudadano con la administración abriendo grietas que, inmediatamente, la reacción utilizará para introducir las cuñas que acabarán por desbaratar el nuevo paradigma.

Los viejas costumbres solo se abandonan cuando el contexto en que se generaron desaparece y su justificación no se corresponde con la realidad. Como ejemplo tenemos la que era una costumbre tan arraigada como que la mujer llegase virgen al matrimonio y que en la actualidad, en sociedades industrializadas, no se suele respetar. En una sociedad machista, donde la mujer es la depositaria de todas las maldades, esa, la de su himen intacto, es la única prueba creíble de su honradez que el hombre admitía. Sin embargo, conforme la lucha de las mujeres ha ido imponiendo respeto y reconocimiento para su género, los hombres van entendiendo que ni la integridad fisiológica, ni la exclusividad sexual tienen nada que ver con el amor, y con esa misma progresión desaparece la costumbre de exigir virginidad a la novia.

Ningún cambio de paradigma económico y social, ninguna revolución, puede decirse que ha tenido éxito hasta que la vieja cultura impuesta por el viejo sistema económico, no se sustituya por un modelo no impuesto y constantemente actualizado por la praxis de los propios ciudadanos. Será difícil o imposible que un modelo semejante pueda ser el fruto de algo que se estructura como una dictadura. Es evidente que la Dictadura del Proletariado no sirve por si misma para modificar los parámetros culturales que quedan obsoletos y son contrarios al progreso. En este sentido si observamos a los burgueses, su dictadura es básicamente económica, saben muy bien que la cultura ya se preocupará ella misma de acoplarse al dictado económico por la cuenta que les trae. No es necesario prohibir contenidos contrarios a sus intereses, basta con no darles soporte económico.

Después de todo, la dictadura del proletariado nace con el objetivo de desalojar a la burguesía del poder económico, y ese debe seguir siendo su único cometido una vez ese primer objetivo se haya conseguido: Impedir por todos los medios que los burgueses vuelvan a levantar cabeza en el poder económico y, en esa medida, puedan volver a impregnar la sociedad con las mentiras que justifican la plusvalía.

 


 


 

viernes, 19 de marzo de 2021

EL SERMÓN DE LILITH Y EVA


Nacimiento de Adan y Lilith (
Genesis. Capítulo 1)

27. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.         

28. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las
aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»


Nacimiento de Eva (Genesis. Capítulo 2)

22. De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre

23. Entonces éste exclamó: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada.»


Cuando el dios Uno acabó con toda la caterva de dioses que confundían la mente de la humanidad, puso en manos de ellos, los hombres, la fuerza física, mientras que la ciencia de la vida la reservó para ellas, las mujeres. Sin embargo, semejante clasificación pone a las mujeres a merced de los hombres pues ellos pueden ejercer la violencia, mientras que ellas deben desecharla pues la ciencia de la vida, que nace del sosiego y la reflexión, requiere todo lo contrario. Suprema contradicción la del dios Uno puesto que en principio no solo los hizo iguales, además quiso que fueran semejantes a él mismo, lo cual significa 'voluntad de ser', que es la esencia misma de lo divino, previa a cualquier forma o manera. Esa división de las tareas básicas de la existencia significa someter una voluntad de ser a otra, lo cual solo puede resolverse en el conflicto que, a su vez, solo deja dos salidas a la mujer: huir o someterse. Lilith huye, Eva se somete.

El conflicto lo planteará Lilith que en modo alguno admite someterse a la voluntad del hombre, pues ambos son iguales según los creo el dios Uno. El enfrentamiento lo resuelve el hombre utilizado su mayor fuerza física. Tras la violación, la primera mujer comprende que si se queda junto al hombre, debe renunciar a lo más precioso de su existencia: a su propio placer, a su parte divina, a su voluntad de ser. Y huye. Huye de la lacerante espera del permiso, de la amenaza, de la violencia. Prefiere la incertidumbre del que decide a la seguridad del que obedece.

Eva, sin embargo, se somete, renuncia a su divinidad y todo lo espera a cambio de satisfacer los deseos y necesidades del hombre. Pero ese sometimiento lo pagarán muy caro. Se contemplaran a si mismos y al verse desnudos sentirán vergüenza, perderán la inocencia y serán expulsados del paraíso, al que solo podrán volver pasando por el dolor y la muerte. Pero Lilith es inocente, no siente vergüenza de su desnudez. A ella no la echó nadie, todo lo contrario, fue encarecidamente invitada a volver y, aunque ella prefirió su libertad, en ningún sitio está escrito que se le cerraran las puertas, puede volver cuando quiera. No obstante, el despecho de la primera mujer al falaz paraíso enoja hasta tal punto al dios Uno que la cubre con repelentes y repugnantes apariencias, la llama diablo, sierpe, bruja, devoraniños, madre de súcubos, monstruo de las tinieblas, señora de la oscuridad y para enconar una y otra mujer entre si, cubre de virginal halo a Eva pisando la cabeza de Lilith representada como una sierpe.

Sin embargo, Eva y Lilith se encontrarán muchas veces sentadas a uno y otro lado del murete que separa el mundo posible, el que emana de la propia voluntad, y el mundo impuesto, el del sometimiento.

La conversación de Lilith y Eva (Génesis capítulo 3)

1. La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a Eva: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?»

2. Respondió la mujer a Lilith: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín.

3. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.»

4. Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis.

5. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como diosas, conocedoras del bien y del mal.»

 


martes, 3 de septiembre de 2019

MATAR AL PADRE


Es usual que cuando se necesita montar una estructura organizativa, uno de los temas fundamentales que se plantea es su sostenibilidad. Es decir, se busca lo definitivo de esa solución. Sin embargo, con esa idea incrustada en el mismo punto de partida, la organización acaba siendo el verdadero objetivo de todos los esfuerzos, alienando a los miembros a base de priorizar la supervivencia de la corporación.

Es fácil percatarse de que entre las motivaciones para organizarse, las hay que varían para cada momento concreto, y otras que, estando en la misma raíz de la cooperación entre personas, permanecen constantes. Las primeras se refieren a las condiciones sociales que plantean incógnitas a despejar en cada momento. Mientras que las constantes, las que se repiten desde la más remota antigüedad, pueden tener apariencias muy diversas, pero, tal y como ocurre con los 'mandamientos de la ley de Dios' siempre podremos reducirlas a tres: La conciencia de ser social, el progreso y el miedo a la soledad. La conciencia de nuestros intereses o necesidades nos permite identificar esos mismos intereses en otras personas y abordar entre todos, sin miedo, las descomunales fuerzas que se oponen al progreso, pues ya se sabe que, como dijo el poeta, '… así tomados, de uno en uno / son como polvo, no son nada.'

Nuestros padres sociales, los burgueses, confundiendo, como siempre, el instinto de conservación contenido en la propia necesidad de progreso con la codicia, añadirán el ánimo de lucro como cuarta e ineludible motivación. El cual, actúa como un verdadero disolvente sobre las motivaciones originales. De entrada, divide a los asociados en dos categorías, los que posibilitan la asociación y recogen el beneficio, y los que efectivamente generan la riqueza de la que salen los recursos para mantener la entidad y el propio beneficio.

Así funcionan las 'empresas' u organizaciones pensadas para obtener dividendos, se trata de estructuras organizativas consistentes en una infraestructura productiva a partir de personas que se asocian porque individualmente no conseguirían rentabilizar su capacidad de trabajo, y una superestructura que organiza, dirije y aloja el destino del lucro, compuesta por personas que se asocian para incrementar su riqueza. En estas asociaciones la alienación de la infraestructura es una condición 'sine qua non' para que la superestructura siga posibilitando la organización.

Si bien, históricamente, la obtención de riqueza es la forma más habitual de asociación entre personas, cabría esperar que las organizaciones de cariz popular que pretenden cambiar la sociedad, es decir, que no tienen como objetivo rentabilizar capitales, prescindieran de direcciones superestructurales. Sin embargo, como si fuera un mandato genético o herencia ineludible, cuando las clases populares nos organizamos, rápidamente dotamos a nuestras organizaciones de mecanismos dirigentes, aun y a sabiendas del grave peligro de alienación que eso supone. Aun y a sabiendas que, como es lógico en una organización con esa estructura, serán los criterios de los dirigentes los que acabarán imponiéndose. Aun y a sabiendas que ni siquiera razones de eficacia justifican esas superestructuras, porque sabemos, por experiencia, que son precisamente esas cúpulas dirigentes las que acaban haciendo absolutamente ineficaces a nuestras organizaciones.

Tal y como siempre ha predicado la burguesía, estamos convencidos que pensar y trabajar son cosas incompatibles. Sin duda se trata de un principio incrustado a 'machacamartillo' en nuestro inconsciente de clase: El jefe piensa y tú trabajas. Después de todo, y por desgracia, es el único modelo que tenemos suficientemente contrastado. Sin embargo, está claro que, a estas alturas del progreso social, no sirve para seguir avanzando. Habría que desembarazarse de semejante mandato si no queremos seguir dando vueltas y más vueltas a la noria de la que viven las denominadas 'castas' o élites políticas.

Acaso, las organizaciones cuyo objetivo es el progreso social, están sumidas en alguna clase de 'crisis de crecimiento' de la que, como es sabido, solo se sale madurando, dejando de ser adolescentes cabreados que necesitan quien los guie.

Fue Sigmund Freud quien ideó la metáfora de 'matar al padre' para significar la necesidad de madurar, de pensar por nosotros mismos, de deshacernos de mandatos heredados y ser capaces de elaborar los propios, los ajustados a la realidad que vivimos. Sin embargo, a la vista está, eso no es nada fácil, nadie tira las viejas herramientas sin haber recibido las nuevas.

Matar al padre para las clases populares, las que nacimos del semen burgués, sin duda que significa muchísimas cosas, pero de la que venimos hablando es fundamental: cambiamos de vehículo o con los actuales cacharros, tal y como está el terreno, no llegaremos a ningún lado.

Y eso, ¿cómo se hace? Se preguntará fatalmente cualquiera que considere lo dicho. Y ese es, precisamente, el momento de asentar el golpe fatal a ese oscuro padre que nos impide madurar. Habrá que ignorar, por más que nos asuste, esa grave voz que susurra la maldita pregunta. Ese será el momento de dejarse de herencias inconscientes, juntar la calderilla y, de una vez por todas, hacerle caso al poeta: Caminante, no hay camino / se hace camino al andar.

viernes, 29 de junio de 2018

EL BUCLE DE LA ESTUPIDEZ


El ser humano ha conocido tiempos
más sombríos; tan bobos, posiblemente no.
Luis Goytisolo. Frustación y narcisismo.

El término estupidez suele aplicarse a personas que piensan, hacen o dicen cosas contrarias a sus intereses con la naturalidad y el convencimiento de estar haciendo lo que les conviene.

Antes del advenimiento de la informática y las nuevas tecnologías que se apoyan en ella, como bucle se entendían formas helicoidales como los rizos del cabello. Hoy en día, también se aplica a los dispositivos de control que son imprescindibles para el funcionamiento de cualquier ente autónomo, sea técnico, social o biológico. Suelen consistir en algún circuito o método que retroalimenta o informa al ente de su propia acción, así este puede corregirla según lo programado o establecido y las condiciones en que, a lo largo del tiempo, debe realizar su cometido.

Aunque afectado por una necrosis cada vez más difícil de ocultar, el sistema económico burgués es un ente autónomo que, entre sus consignas u objetivos, tiene programado dominar la única fuente de riqueza, es decir, el trabajo. Para eso es necesario que las células productoras, los trabajadores, cedan estúpidamente su trabajo, sin preguntas, sin intentar entender el porqué, ni el para qué o el para quién.

Como todo ente autónomo, el sistema económico, dispone de su correspondiente retroalimentación. Consiste en un dispositivo de vigilancia configurado por las organizaciones políticas que, entre otras muchas cosas, medirán el nivel de estupidez necesario en los trabajadores para que el sistema funcione, a partir de ahí elaborarán las consignas de corrección según que el resultado del sistema se aparte más o menos de sus objetivos.

Cuando las circunstancias le permiten abandonar la pura violencia, el sistema económico utiliza grandes y sofisticados medios de información y propaganda para divulgar y estimular esas correcciones Con semejante cometido estos medios se convierten en voceros de la estupidez, compitiendo entre ellos por dar el mensaje más lerdo. Cultivan y endiosan a ciudadanos hedonistas y superficiales, puras apariencias que consideran una perdida de tiempo pensar y analizar su propia realidad. Ciudadanos que prefieren seguir a quien, con la preparación adecuada según esos medios de divulgación, piensan y analizan por ellos, ahorrándoles ese tedioso esfuerzo. Ciudadanos a los que su parte social se les antoja un apéndice inútil heredado de etapas evolutivas anteriores. Ciudadanos a los que la solidaridad y el compromiso social les parecen fenómenos fruto de un resentimiento patológico que debiera ser tratado por especialistas. Es más, consideran al ciudadano comprometido una especie de delincuente empeñado en desbaratar las excelencias del sistema, la paz social, el buen ambiente, el 'buen royo'.

Esos medios tienen como encargo divulgar y ensalzar a un sujeto cuya única identidad es estética: perfectamente aseado, cuerpo modelado en el gimnasio, vestido a la moda, amable y alegre, pero sin una sola idea, propia o ajena, en la cabeza. Es decir, sujetos con la actitud mental perfecta para extraerles el trabajo sin mayores problemas.

Son los nuevos ignorantes. Su ignorancia no se fundamenta en la falta de recursos y formación, han estudiado por lo menos hasta los dieciséis años y un buen porcentaje han alcanzado niveles universitarios. En sus trabajos desarrollan tareas complejas, que requieren agilidad y versatilidad mentales que rara vez aplican a su propia realidad. Es evidente que su actitud, su neoignorancia es consciente, están orgullos de ella, hasta suelen presumir de no haber leído un triste libro desde que dejaron los estudios. Exigen que otros hagan el esfuerzo de entender. A ellos sólo les interesa, fuera del trabajo, que les distraigan, que les mantengan el cerebro en suspensión, en 'stand-by'.

En contraposición a un bucle de retroalimentación negativa que corrige tanto el defecto como el exceso, potenciando un sistema equilibrado, el control social es un bucle de retroalimentación positiva que sólo corrige las tendencias a la baja propiciando un sistema en constante crecimiento. Así, con semejante método de control de la estupidez necesaria, esta crece constantemente y esa, seguramente, es la razón de que nunca como hoy en día, la sociedad se haya parecido tanto a un teatro de marionetas. La ignorancia siempre se ha intentado ocultar, siempre se ha llevado con vergüenza, sin embargo, en la actualidad es algo tan positivo y tan deseable que no es inconveniente, sino todo lo contrario, para llegar, por poner un ejemplo, a presidente de los EEUU.

Los sistemas de retroalimentación positiva suelen colapsar, pues el punto de equilibrio es constantemente superado. Se puede ver un ejemplo de esos procesos de acción positiva en la poblaciones primitivas, cuyo progreso estaba constantemente limitado por la escasez de recursos. Cuando por alguna razón cultural o, simplemente, por mejoras en el clima los recursos crecían, la población crecía igualmente hasta absorber los nuevos recursos, retornando al estado de escasez, a la desazón y a la violencia para obtener el pan de cada día. Todo el mundo sabe que la guerra y todas sus desgracias adjuntas, es la salida que las clases dominantes suelen utilizar cuando su sistema económico se viene abajo. Es fácil observar como, en respuesta a los amagos de bancarrota en USA, sus gobiernos siempre reaccionan invadiendo y destrozando algún país.

Acaso se trate de una forma 'natural' de control, salida de de la naturaleza de las personas, pero lo cierto es que, como se demuestra actualmente con el capitalismo, es un sistema inestable que oscila permanentemente entre periodos de tremendos esfuerzos para llegar a la cresta, seguidos, de forma irremediable e inmediata, de un descenso a los mismísimos infiernos.

La manera de romper ese cruel generador de ondas, sería no seguir a los grandes medios de propaganda, intentando obtener nuestra propia retroalimentación del sistema. Sin embargo, para los neoignorantes, tiene el inconveniente de necesitar la activación del cerebro con todo el esfuerzo que eso conlleva. Y un grave problema para todos: cuando a los burgueses les dejan de ser útiles sus deslumbrantes presentadoras y sus bien pagados intelectuales, suelen sustituirlos por señores con botas, casco y porra. Acaso no son tan convincentes, pero resultan igualmente eficaces para alienar o 'estupidizar' al pueblo.